En el nombre de Dios...
Afortunadamente, tenemos el mismo número de civilizaciones que a inicios de la semana. Ni eso puede darse por sentado en el mundo actual. Sin embargo, el peligro parece todavía latente. Algunas personas minimizan las amenazas Trumpeanas contra la población civil iraní: "Es un caso más de TACO, no se atrevería (Trump Always Chickens Out, ma’omenos traducido a Trump siempre se acobarda)". Sí, hay varios indicios de que Trump utiliza escenarios extremos para negociar. Y este caso, por lo pronto, pareciera ser uno más de esos. La gente se regocija de que Trump se haya echado para atrás y aprovecha para tocarle los huevos al tigre. Dudo que hable sólo por mí cuando digo que mentar la exterminación de un pueblo nunca puede tomárse a la ligera. La palabra civilización en la amenaza de Trump me resuena... Me da tintes a cruzadas, a guerra santa.
No soy una persona religiosa, me reconozco como agnóstico. Y soy mexicano, por lo que no me es extraño estar sentado en mesas en las que se destacan los logros y, por ende, la necesidad de la religión en nuestras vidas. Normalmente participo poco en la discusión. Me parece que, en general, son discusiones poco racionales, viscerales, tan cerca del corazón y del ser de las personas que resulta altamente improbable llegar a puntos en común. No es mi intención andar rompiendo platos ajenos, así que ando alrededor del tema a pie juntillas. En México hay un dicho que versa: “En la mesa no se habla de política, fútbol y religión”. Existe un problema con la metafísica religiosa que usualmente se omite en estas discusiones, ¿cómo acordar sobre lo que está bien o mal cuando dos participantes que están en desacuerdo dicen estar siguiendo los mandatos divinos? Esta pregunta, lamentablemente, se está volviendo cada vez más importante en el mundo, ¿cómo llevarle la contra a una bola de locos que dicen que el mandato de Dios es masacrar a otra civilización? ¿El “no matarás” no era obligatorio?
El loco Trump escribe que, o abren el estrecho o “vivirán en el infierno” y se burla: “Alabado sea Allah”. El día D, agregó: “Esta noche morirá toda una civilización”. Una hipótesis: utiliza este tipo de simbolismos el presidente, únicamente porque trata con fundamentalistas islámicos. El atacado es el fundamentalista religioso, no el atacante. El comentarista conservador Tucker Carlson, no se traga la hipótesis. Carlson, que antes apoyaba sin reservas a Trump, cree que burlarse de la religión funciona únicamente en una guerra religiosa y cree, además, que burlarse de la religión de otras personas es burlarse de la fe en general. Otro loco, el Secretario de Guerra Pete Hegseth, pidió en un mensaje a la nación a los estadounidenses que “rezaran de rodillas, con su familia, en las escuelas, en las iglesias, en el nombre de Jesucristo” por la victoria militar. El mismo Hegseth que en 2020 escribió en su libro Cruzada Americana (sí, así o más explícito): “Nosotros los cristianos – acompañados por nuestros amigos judíos y su remarcable armada en Israel – necesitamos tomar la espada del americanismo, sin pedir disculpas, y defendernos”.
Y qué bueno que el ex presentador de Fox nos lo recuerda… No se nos olvide Israel. Como era de esperar, se oponen a la tregua pactada. Dice Bibi en mensaje a la comunidad internacional: “la Biblia dice que hay tiempo para la paz y tiempo para la guerra. Este es un tiempo para la guerra”. El genocidio de los palestinos y, ahora, los ataques incesantes contra Irán y Líbano son justificados por el gobierno como el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento: la necesaria exterminación del enemigo histórico de los israelíes, Amalec. Otra cosa pide el Dios judío a los israelíes – habrá que tomarles la palabra a los señores del gobierno con supuesta conexión con el de arriba – “se ahorcará a los terroristas”. Aprobada, pues, la ley de pena de muerte por ahorcamiento para quien el gobierno israelí declare terrorista. Como dice Gerardo Tecé en su gran artículo: “Un encargo más de un dios hiper productivo”.
Así entonces, dos de los países más peligrosos del orbe mandan a sus jóvenes a matar o morir, por mandato divino. ¿Cómo decirle que no al Señor con S mayúscula? Y detrás de todo eso, está una conspiración del internet profundo, que ya no tan profundo, de gente que siente que la civilización (de ahí la mentada palabra) occidental está en grave peligro ante la avanzada musulmana que viene a comerse nuestros derechos, nuestras mujeres (sí, es machista la conspiración), nuestras mascotas también (ah no, esos son los migrantes mexicanos, creo). Se infiltran en nuestras sociedades y, poco a poco, deconstruyen todo lo bueno que la sociedad occidental (judeocristiana, of course) alguna vez tuvo. Para esas personas, la ofensiva de EE.UU. e Israel es entonces la recuperación de lo perdido por la pusilanimidad de gobernantes anteriores. Para mí, las masacres orquestadas por ambos países son simplemente muestras de que, a veces, exageramos las bondades de la civilización occidental judeocristiana. Cabe preguntarse si una bola de incivilizados merece el nombre de civilización.
La cruzada continúa su curso, ahora en Hungría (atentos a esa elección). El vicepresidente de los EE.UU., JD Vance, pide el voto para el ultraderechista Viktor Orbán: “¿Defenderán a la civilización occidental? ¿Defenderán la libertad, la verdad y al Dios de nuestros padres?”. Si todo esto se trata de religión, y yo no soy creyente, ¿creen que me puedan hacer un descuento en la gasolina? Ya termino... Y lo hago con la cita compartida por Hegseth en otro mensaje NACIONAL, mientras sus tropas bombardeaban niñas en Irán (advertencia, provoca arcadas):
“Bendito sea Jehová, mi roca,
Quién adiestra mis manos para la batalla,
Y mis dedos para la guerra,
Él es mi Dios amado y mi fortaleza,
Mi resistencia y mi libertador, mi escudo y en quien me refugio” (Salmo 144)
Que Dios dé fuerza inflexible y refugio a nuestros guerreros,
Protección inquebrantable a ellos y a nuestra patria,
Y una victoria total sobre quienes buscan lastimarlos.
Que Dios bendiga a nuestras tropas en esta misión. Y Amén.
RBS



Comentarios