¡Qué ignorancia la de Francia!

Creo que los partidos políticos todos, en cualquier parte del mundo, tienen entre sus objetivos ser lo más poderosos que se pueda. El objetivo es instrumental: es decir, la acumulación de poder no tiene valor en sí misma, sino que es el medio para un objetivo más fundamental. Un partido puede buscar más poder para llevar a cabo con mayor facilidad su proyecto de nación. Otro posible objetivo que se persigue mediante la acumulación de poder es obtener más y mejores réditos para sus integrantes. Morena no es ajeno a este objetivo instrumental y ha sido muy eficaz en su persecución. “¡¿Cuál oposición?!” Claman algunos comentócratas lamentando la omnipresencia de Morena en toda la estructura política de nuestro país.
A mí me parece innegable que los gobiernos Morenistas han (y siguen cada vez más) concentrado el poder. Sin lugar a dudas, mucho más que sus predecesores y, posiblemente, más que nunca. Sin embargo, es claro que Morena no tiene TODO el poder político y estas semanas nos presentaron dos casos que levantan red flags. Primero, el derrame de petróleo en el golfo de México (Of America, Trump, if you’re reading!). Al parecer, se tienen reportes de que el derrame inició en febrero y cuando por fin se trajo el tema al púlpito presidencial, la respuesta fue un: “no estamos enterados, pero estamos en ello” y, claro, echaron la culpa a quien se dejara. Después, como casi para cualquier problema, se convocó a un panel de expertos. Conclusión: 1) que siempre sí fue Pemex que 2) la presidenta no sabía y que 3) tampoco el director de Pemex.
El segundo caso es el de 2 agentes de la CIA que murieron en nuestro territorio durante un operativo para desmantelar un megalaboratorio de metanfetaminas. Aún quedan varios cabos sueltos en la historia, lo importante es que alguien permitió que los occisos, y dos extranjeros más, participaran en un operativo que contaba con la participación de nuestras fuerzas armadas. Este permiso es violatorio de las leyes mexicanas mientras no haya sido otorgado por el gobierno federal. La presidenta dice no haber sabido nada. Harfuch también muestra desconcierto. La gobernadora de Chihuahua dice que tampoco la volteen a ver a ella (aunque todos creen que fue ella). El fiscal de Chihuahua renuncia a su puesto porque, aunque dice que no sabía de la participación de los gringos, debió haberlo sabido. El único que sabía era el director general de la agencia estatal de investigación, quien también murió durante la operación.
Y acá llega la polarización. Algunos no creen en el gobierno: por supuesto que la presidenta sabía, simplemente no quiere aceptar el error de la joya de la corona Pemex, ni tampoco aceptar que estamos cediendo soberanía ante los EE.UU. a cambio de la pacificación del país. Viri Ríos aventura una hipótesis sobre por qué la presidencia ha aceptado últimamente que no sabe lo que pasa en diversos problemas: “El electorado tiende a castigar más la incompetencia que la ignorancia”. La otra posibilidad es la verdadera ignorancia. La gente cercana al gobierno se sube rápido a esta conclusión: la presidenta, ciudadana bienintencionada, está rodeada de algunas manzanas podridas que le hacen la vida de cuadritos. Los casos son los de una estructura corrupta de Pemex y el de una Maru-gobernadora panista, traidora a la patria.
Para mí, ninguna de las dos opciones le lava la cara al gobierno. En la lectura más benigna, la de la ignorancia, el gobierno aglutinador del poder político tiene también responsabilidad en los hechos. Es más claro en el caso del derrame. No creo que consuele a nadie que la presidencia no supiera. Lo que nos importa es el daño a los ecosistemas, el petróleo en las playas y que lo retiren cuanto antes; que el gobierno nos garantice que se toman las medidas para que no vuelva a pasar. Los desacuerdos entre el director de Pemex y la estructura en general nos tienen sin cuidado. El mandato mayoritario se lo dimos los mexicanos para que hicieran funcionar estas cosas. El caso de CIAhuahua es más complejo por las interrogantes que lo envuelven. Sin embargo, la conclusión es la misma: Harfuch ha ido ganando facultades y fuerza en el gobierno y en el país. No se ve bien que “Batman” no se entere de los crímenes. ¿Sabían las fuerzas armadas? Si es así, ¿qué hacemos con la milicia? Que un gobierno tan grande no sepa lo que pasa en el país, ¿qué les digo? Se ve mal.
La máquina electoral continúa y Morena debe prepararse, el objetivo de ser cada vez más fuerte para cualquier partido es perenne. La presidenta mueve la banca del partido: sale Luisa María Alcalde (que dicen que por intransigente y por no pasar la bocha) y entran Citlalli Hernández y Ariadna Montiel. Se especula que los recambios son cuadros más pragmáticos y sabrán jugar en equipo con el Verde y el PT. No sería un mal momento para que se detuvieran a reflexionar como partido, ¿para qué queremos acumular más poder? Hay una parte del partido que parece perseguir la acumulación del poder para continuar construyendo un proyecto de nación preciso y atractivo para muchos. Hay otra parte, sin embargo, que quiere la acumulación para obtener más y mejores réditos personales. Que una de las razones que explican los cambios en el partido sea un mejor entendimiento con el Verde y el PT, ¿qué les digo? También se ve mal.
Acabo con la nueva: ayer se dio a conocer la acusación del gobierno de los EE.UU. contra Rubén Rocha Moya, gobernador de Sinaloa, por vínculos con el CJNG. Yo en el gobierno del norte no confío un ápice, pero en Rocha Moya lo hago aún menos. Algunos morenistas sensatos respondieron: “Veamos las pruebas, que no se saquen conclusiones”. Fernández Noroña, en cambio: “Rechazo categóricamente las acusaciones en contra de mi compañero gobernador Rubén Rocha Moya”. Otros: "¡No estás solo!" ¿Confianza ciega? Sí, mal se ve.
RBS



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